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Preparamos aos nosos fillos para os aplausos, non para as equivocacións.


“Non quero dar unha imaxe de nai perfecta aos meus fillos; non quero que eles me vexan como unha muller inquebrantable. Por que? Porque cando pasen os anos e eles saian aí fóra, ao mundo real, e teñan a súa primeira caída, o seu primeiro fracaso, non quero que se veñan abaixo pensando: “Que decepción. A miña nai aquí nunca se caeu, porque a miña nai era perfecta””. Lucía Galán Bertrand é pediatra, escritora, nai e conferenciante, máis coñecida como “Lucía A miña Pediatra”, Premio Bitácoras ao mellor blog de Saúde e Innovación Científica 2015 e Premio Mellor Divulgadora de España pola Organización Médica Colegial 2018. publicou, entre outros libros, os títulos “O mellor das nosas vidas”, “Es unha nai marabillosa”, “A viaxe da túa vida” e “Contos de Lucía miña Pediatra”. Recentemente foi nomeada membro do Comité Asesor de UNICEF e converteu a pediatría en materia de debate con base científica a través das redes sociais. O seu labor divulgadora non se limita a informar sobre mitos da saúde, virus e febre, antibióticos e vacinas, senón tamén educación emocional. Desde rabexas e frustracións a educar na empatía e a cooperación: "Non hai terceiro mundo, nin primeiro mundo. Todos pertencemos a este mundo e é a nosa responsabilidade deixalo un pouco mellor do que o atopamos", conclúe.


Para ver o vídeo, preme na imaxe:


Os fillos que se empeñaban en equivocarse

Publicado con autorización de: Carlos Pajuelo 
¿Cuántas veces has visto a tu hijo tomar decisiones, pensadas o a la ligera, que sabes que van encaminadas al más estrepitoso de los fracasos? Qué difícil es permanecer de espectador, qué impotencia, qué desesperación, qué desaliento, cuántas lágrimas cuando sientes que ni por las malas ni por las buenas son tenidas en cuenta tus consideraciones.
Yo creo que educar a los hijos no es un arte, ni una disciplina, ni un trabajo. Los que educan no tienen porqué ser artistas, ni expertos en educación, ni trabajadores sometidos a jornadas de 24 horas al día. Educar es un compromiso, el compromiso de dar a los hijos las herramientas necesarias para que se construyan como hombres o mujeres.
No es que tenga una crisis de fe en la tarea de educar, queridos lectores que seguís mi blog, es que a veces hablo con padres y madres que educan, que guían, que instruyen entre normas, limites, refuerzos, cariño, paciencia, comprensión, amor, y sin embargo sus hijos se empeñan en seguir su propio mapa de ruta, un mapa que a menudo no tiene ni norte, ni carreteras.
Que tu hijo se lance al mundo con una mochila repleta de ingenuidad como único equipaje, asusta. Que tu hijo abjure de todas y cada una de tus creencias, de tus consejos, de tus ayudas, asusta. Que tu hijo corte todo tipo de comunicación, que ignore los lazos que unen a los padres con sus hijos, que te dejen sin voz al otro lado de la línea, asusta.
No, no hay educación que evite estas situaciones. No hay padres, ni madres capaces de abrir los ojos del futuro de sus hijos cuando éstos no ven aquello que no quieren ver.
Hay hijos que se empeñan en tomar sus propias decisiones y muchas veces aciertan, pero a veces se equivocan. Sí, es verdad, es su vida. Pero es que las vidas de los hijos, a veces, hacen trizas las vidas de sus padres.
Esto es lo que podemos hacer los padres y madres cuando nuestros hijos se empeñan en tomar decisiones equivocadas:
1.- Es primordial controlar el miedo, porque el miedo sólo sirve para ponernos en la peor de las situaciones (drogas, alcohol, vida desordenada) y así asustados vivimos prisioneros de nuestro propio miedo.
2.- Controlar la rabia, porque la rabia que da creer que los hijos “echan su vida por la borda” te puede hacer actuar cegado, irritado. Y eso no te ayuda a ti ni a tus hijos. En estos casos los hijos necesitan ver a padres seguros, firmes y confiados.
3.- Habla. No te quedes callado, no ruegues, simplemente di lo que tú crees, lo que tú piensas, lo que tú sientes. Dile que lo que tú quieres es que encuentre su camino, que él sea el protagonista de su vida. Que la elección del tipo de vida que quiera tener es suya. Pero que para tomar ese tipo de decisión no es el mejor momento cuando uno se encuentra perdido.
4.- Y por último y sobretodo, deja la puerta de casa abierta, la luz encendida, su plato favorito en la nevera y confía en tu hijo siempre.

Mientras confiamos hay que seguir viviendo. Esto es lo más difícil, vivir con agujeros.

10 formas de equivocarse cos fillos

Republicado con autorización de: http://www.mamapsicologainfantil.com/
Autoría: 
Sara Tarrés

1. Dedicarles poco tiempo a causa del trabajo u otros menesteres que nos mantienen ocupados y alejados de nuestros pequeños. Esta sensación que acaba produciendo un gran malestar a muchos padres y madres acaba traduciéndose en un te lo dejo hacer todo durante el tiempo que estemos juntos. Lo que acaba siendo la segunda forma de equivocarse que destaco hoy. En este sentido te recomiendo que leas el artículo publicado en este mismo blog sobre el tiempo que pasamos con nuestros hijos y el dilema que planto sobre el tan nombrado tiempo de calidad.
2. Ser demasiado permisivos. Hay padres que se sienten tan culpables por no pasar el suficiente tiempo con sus hijos que cuando están con ellos les permiten hacer todo cuanto quieren, sin establecer normas ni límites a las conductas de sus pequeños. Este dejar hacer, este tipo de estilo educativo basado en la permisividad acaba produciendo más daños que beneficios a los niños, quienes no tienen claro hasta dónde pueden llegar.
Los padres permisivos, tal y como he explicado en otros artículos, son aquellos padres que se muestran afectuosos y comunicativos son sus hijos pero que piensan y creen que no deben poner normas ni límites, por lo que el control que ejercen en su comportamiento es mínimo o inexistente.
El amor, el cariño, la buena comunicación entre padres e hijos son fundamentales, pero la falta de normas y límites produce también desorientación y confusión. Todos debemos saber hasta dónde podemos llegar y qué es lo que se espera de nosotros, las normas y los límites son necesarios para que nuestros hijos crezcan de un modo equilibrado, seguro y es lo que se espera de nosotros, las normas y los límites son necesarios para que nuestros hijos crezcan de un modo equilibrado, seguro y estable.
3. Ser extremadamente estricto, dominante o autoritario. Ésta es la otra cara de la misma moneda. El reverso o justo lo opuesto del caso anterior. Padres que no son capaces de tolerar ningún error, padres que quieren hijos perfectos, que lo hagan todo bien a la primera, hijos que controlan a sus hijos mediante la imposición de normas y límites rígidos y severos.
 Aunque es importante y está bien poner normas y límites a nuestros hijos, si lo hacemos de un modo rígido, nada dialogante, con un exceso de control y una falta de afecto puede provocar en nuestros hijos problemas emocionales como una baja autoestima o depresión, y es posible que a la larga pueda reaccionar con mucha más rebeldía de la que podríamos esperar de un niño o de un adolescente.
4. Dar ordenes a diestro y siniestro. Permitidme esta expresión tan coloquial, pero es que en ocasiones ( y sin ser de estos padres tan autoritarios) creo que damos un exceso de ordenes a nuestros hijos que les desbordan por completo. Incapaces de llevar a cabo todo lo que les mandamos acaban por desobedecer a todo.
5. Intentar ser su amig@, dejándolos desprovistos de lo que más necesitan, un padre o una madre que les guíe y oriente. Nuestra labor como padres no es ser su amigo, aunque sí entenderles y estar a su lado siempre que nos necesiten pero a la vez debemos guiar, encauzar, y limitar algunas de sus conductas. Recordemos que el no también educa y es absolutamente necesario en la educación de nuestros hijos.
6. No dejarles crecer a su ritmo. A veces los padres a consecuencia de la sociedad en la que estamos inmersos empujamos a nuestros hijos a crecer más rápido de lo que ellos madurativamente están preparados, por ejemplo,  a que dominen pronto sus esfínteres porque así lo requiere la escuela o que aprendan a leer antes de los 5 años.  Otros  padres, al contrario, lo que impiden es justamente que sus hijos aprendan a ser autónomos e independientes, les hacen todo por ellos y en un exceso de celo y cuidado, impiden su correcto desarrollo.
7. Ser incoherentes, inconsistentes e intolerantes. Sí, muchas veces somos incoherentes con lo que hacemos y decimos, inconsistentes en las normas y consecuencias que aplicamos e intolerantes ante lo que nuestros hijos tienen que decirnos. Ser pequeño no es significa que no pueda tener razón.
8. Establecer comparaciones entre hermanos u otros niños. Si bien todos sabemos que es odioso que nos comparen con otros, los padres caemos inevitablemente en este error fatal de comparar a nuestros hijos ya sea por su comportamiento, carácter o notas escolares. Y tal y como hemos podido comprobar, comparar a un hijo con el otro no funciona como revulsivo. Comparar a nuestros hijos solo hace que aumentar la rivalidad entre hermanos, genera más celos y establece relaciones insanas que como padres podemos evitar.
9. Ser un mal ejemplo a seguir. Son muchas las veces que pedimos que nuestros hijos hagan algo que nosotros no somos capaces de hacer, cuántos de nosotros les pedimos a vociferando que dejen de gritar o hemos dado un cachete en  el culo diciéndoles que no peguen a su hermano.  Pedimos que coman frutas y verduras y nosotros no las consumimos, les exhortamos a no insultar y nosotros no dejamos de decir tacos viendo un partido de fútbol o en cualquier otra circunstancia del día a día. Situaciones como éstas nos restan credibilidad y nos deberían invitar a realizar una reflexión profunda encaminada a cambiar nuestro modo de actuar ante nuestros hijos.
10. Utilizar el miedo, las amenazas y los chantajes como forma de controlar las conductas de nuestros hijos. Sobre este tema he hablado ampliamente, los gritos, los cachetes, y otras formas de amedrantar a los niños no sirven para educar, no enseñan las conductas correctas, solo sirven para generar miedo, rabia, rencor, incluso odio.
Estos son las 10 formas de equivocarse con los hijos que hoy he querido destacar, pero podría apuntar otras 5 más que dejaré para otro artículo. De momento hay que ir paso a paso y como todo en esta vida, se trata de recuperar el sentido común, de intentar no excedernos ni por exceso ni por defecto. Como vengo diciendo desde que escribo en éste y otros espacios, la educación de nuestros hijos precisa de dos importantes ingredientes: tiempo y paciencia. Debemos ser capaces de reflexionar cómo estamos educando a nuestros hijos y qué consecuencias se derivan de nuestro estilo educativo.

Si hay algo que creemos que estamos haciendo mal es momento de ponerse manos a la obra e intentar cambiar.