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Falar mal aos fillos do pai ou da nai é maltrato

Publicado con autorización de: Carlos Pajuelo 

Tus hijos sienten, como tú y como yo. Tus hijos viven sus emociones con intensidad. Tus hijos necesitan querer y saberse queridos. No lo olvides.
El sufrimiento invisible es el sufrimiento que nos negamos a ver.  Los divorcios acarrean sufrimiento tanto a los padres como a los hijos, y a veces los adultos estamos tan sumidos en el dolor, tan presos de rabia  que tenemos mucha dificultad para darnos cuenta de que nuestro comportamiento, especialmente el de hablar a los hijos mal del otro progenitor, puede ser la causa de la tristeza de nuestros hijos.

En los últimos años he visto a muchos menores a los que ambos progenitores, o uno de ellos, los someten a una de las situaciones de maltrato más dañina que puede haber: la de hacerlos ser parte de las disputas que se dan entre los adultos, y lo que es peor aún, tener que tomar parte por uno de sus progenitores en las disputas que se dan entre ellos.
Todos los niños necesitan modelos a imitar que guíen su desarrollo , un modelo a seguir, un referente, un faro. Los menores obtienen en la figura paterna y/o materna no solo un modelo a seguir, sino también la mejor manera de establecer vínculos afectivos que les ayudan a desarrollar seguridad emocional. Quiero y me quieren, esa es la mejor vitamina para crecer.
La separación/divorcio de los padres, sobre todo cuando es “tormentosa”, pone a prueba la competencia y el talento de esos padres a la hora de gestionar una situación dolorosa de la manera más generosa posible con los hijos.
Todos los padres ejercemos influencia en nuestros hijos. De eso trata fundamentalmente la tarea de educar, de influir en la conducta de nuestros hijos, de influir en sus valores, normas y actitudes. Esa capacidad de influir en nuestros hijos acarrea  una gran responsabilidad: la de evitar la manipulación.
El desarrollo emocional equilibrado de un hijo requiere que, por parte de los padres, se trasmita que existe una aceptación incondicional del hijo, aceptación incondicional del hijo, pero no de sus conductas que lógicamente necesitan de límites y regulación. Esta aceptación incondicional requiere también que ambos progenitores pongan a salvo, en presencia de sus hijos, la imagen del otro progenitor, y para ello es requisito imprescindible no hacer explícito que los hijos tomen partido, juzguen o evalúen la conducta de sus padres.
Hablar mal a los hijos de uno de sus progenitores es una manera de infligir maltrato a nuestros hijos porque, por un lado les obliga a decantarse por uno u otro, y por otro, le haces sentirse culpable por amarlo.
Nos encontramos pues ante una consecuencia indeseable de las disputas entre adultos, como es la que se puede dar en una separación/divorcio, que es la de dar información a los hijos con la finalidad de que participen, como si de adultos se tratase, en dicha disputa.
Envenenas a tus hijos, aunque tú creas que les estás contando la verdad cuando los predispones contra el otro progenitor.
Una victoria pírrica la de que un hijo menor tome partido por uno de sus progenitores, una absurda manera de intentar hacer daño al otro progenitor cuando al que se le hace daño de verdad, y a veces de forma irreparable, es a los hijos.
Proteger a los hijos debería de ser el objetivo principal de padres y madres en las inevitables disputas en las que están inmersos en un proceso de separación/divorcio. Proteger a los hijos nos obliga a no dañar la imagen que tienen de su padre o de su madre.
Los hijos se hacen mayores. Los hijos ven, los hijos sienten, los hijos saben. Los hijos distinguen lo que es atención, qué es el cuidado, el cariño. Así, inevitablemente, llega un día en el que ellos toman sus decisiones, toman partido.
Mientras llega ese día enséñales que querer y sentirse querido es una estupenda manera de afrontar un divorcio.


Ese neno invisible, ignorado

Autoría: Katy Gutiérrez Herrera (Madre, psicóloga)

Republicado con autorización de http://www.educapeques.com/


  • Ese niño invisible, aquel que odia llamar la atención en clase
  • Ese niño/a que a los profesores y a sus propios compañeros les cuesta recordar su nombre
  • Aquel que nadie recuerda si estuvo en clase o faltó, quizás una semana entera
  • Ese niño/a que nadie escoge en los equipos de trabajo o de deporte
  • Ese niño/a que le gustaría tener una pintura para hacerse “invisible” y así evitar situaciones incómodas
  • Ese que, por no causar problemas se limita a seguir lo que hacen los demás
  • Ese niño/a que no podríamos dar una opinión de el/ella ¿Quién? Mmm……
  • Ese, que a nadie le cae mal, que no tiene problemas con nadie, ni siquiera le molestan, porque es como si nadie le viera.
  • Ese niño/niña que parece ser sólo espectador y nunca protagonista de su propia vida
  • Ese niño que prefiere inventarse una vida en su mente, antes que enfrentarse a la suya propia
  • Ese niño/a que pasado el tiempo no recordaremos su cara, ni le saludaremos en la calle, porque apenas y tendremos un recuerdo lejano de quien es.
  • Ese niño, esa niña…

  • SI tiene cara y nombre
  • SI tiene su propia opinión acerca de los demás, de sí mismo, de la vida..
  • SI tiene sueños, ilusiones, fantasías
  • SI tiene talentos escondidos, habilidades y virtudes
  • SI desea relacionarse con los demás y tener amigos

Pero ese niño/niña permanece en la fría cueva de la indiferencia porque tiene MIEDO

  • Miedo de mostrarse al mundo tal y como es
  • Miedo a no gustar y ser rechazado, así que, mejor se aisla “voluntariamente”
  • Miedo de sentirse vulnerable y frágil
  • Miedo a equivocarse
  • Miedo a decepcionar a otros
  • Miedo a conocerse a sí mismo y ver que puede ser genuino.

Ese niño invisible va por la vida como un camaleón, mimetizándose con el medio, cambiando, para no ser “descubierto” y no llamar la atención.
Los adultos, profesores y padres, nos volvemos en cierta forma “cómplices” de la invisibilidad de estos niños/as, por nuestra propia ceguera o incluso por egoísmo:

  • No causan problemas
  • No presentan ninguna objeción a nuestras propuestas
  • Apenas hacen ruido
  • No nos llevan la contraria
  • No se quejan por nada
  • Son obedientes
  • niños invisibles

Y este niño invisible ¿Cómo es tratado en su propia casa?
  • Quizás también con indiferencia
  • Quizás sus padres estén ocupados con otros hermanos ó con otros problemas “mas importantes”
  • Quizás piensen que es sólo timidez
  • Que es algo de la edad
  • Quizás consideren que no dar problemas es sinónimo de estar bien.
Pero es muy probable que este niño en su interior esté sufriendo o peor aún, ya se ha inmunizado del dolor y ya ni siquiera le interesa descubrir quién es y que quiere, ya ha dejado de luchar.
Detectar un niño invisible/ignorado, puede ser difícil para los padres puesto que el niño no lo va a manifestar y no se va a quejar abiertamente de ello, pero podría tener algunas conductas que no deberíamos pasar por alto como:

  • Evade cualquier conversación acerca de la escuela y de su relación con los compañeros
  • Se recluye en su habitación
  • No le gusta ir al colegio/instituto, aunque va
  • No lo invitan a los cumpleaños
  • Evita ir a centros concurridos, donde pueda encontrarse con compañeros
  • No le gusta dar su opinión
  • Le cuesta tomar decisiones

Esa niña, ese niño invisible……

  • Merece nuestra atención, aunque no la pida
  • Desea que alguien le diga algo agradable, mejor en privado
  • Necesita ayuda para saber aceptarse y quererse a sí mismo/a aunque no lo reconozca
  • Requiere aprender habilidades sociales para poder adaptarse
  • Guarda una herida, la de la indiferencia, que puede ser más grande que incluso si le acosaran.
  • Tiene tanto o más que aportar que los demás niños, pero tiene mucho miedo de sacarlo a la luz.
¿Tú, profesor/padre/madre/compañero sabes cuál es ese niño? ¿A qué esperas para actuar?

Una reacción negativa es mejor que ninguna reacción. Preferiría que alguien me odiase a que no me viera. Al menos si me odia, no le soy indiferente.”
Hugh Prather


15 características dun pai tóxico

Autoría: Sara Tarrés

Republicado con autorización de: http://www.mamapsicologainfantil.com/

Hoy quiero reflexionar sobre las características del padre tóxico, digo padre del mismo modo que podría decir madre, es más, cuando digo padre incluyo a ambos sexos porque ambos podemos convertirnos en padres tóxicos que arruinemos las vidas de nuestros hijos.

 15 características de un padre tóxico (padre/madre)

Exponemos a continuación algunos de los rasgos más característicos que definen la conducta de un padre tóxico, no tiene por qué presentar todos los rasgos porque existen muchos tipos de padres tóxicos o de relacionarse de forma tóxica con los hijos, pero sobre todo encontramos que el padre tóxico es una persona:
1.    manipuladora;
2.    extremadamente exigente;
3.    totalmente intransigente;
4.    que maltrata física o verbalmente a sus hijos por cualquier motivo;
5.    que critica todo cuanto hacen o dejan de hacer sus pequeños,
6.    que expresa constantemente su disgusto con el tipo de familia que tiene porque piensa que se merece algo mucho mejor,
7.    que antepone sus necesidades a las de los niños;
8.    egocéntrica y egoísta;
9.    culpabiliza y responsabiliza a sus hijos de su propios fracasos o frustraciones;
10.        que proyecta en ellos sus sueños, sus anhelos, sus fantasías y pretende que ellos vivan la vida que él o ella no pudo tener, impidiendo que vivan la suya propia.
11.        Es excesivamente protectora hasta el punto de impedir cualquier tipo de desarrollo de la autonomía o independencia de sus hijos;
12.        muestra disgusto por los amigos de sus hijos porque encuentra que son menos de lo que se merecen,
13.        planifica hasta el milímetro la carrera profesional y personal de sus hijos desde bien pequeños,
14.        impide que sus hijos disfruten con otras personas ya que considera que sólo pueden hacerlo con ella, se siente celosa de cualquier persona que les haga felices;
15.        se comporta de forma tirana, autoritaria y déspota. Cree que sus hijos le deben todo cuánto son y exige que estén a su servicio.
Éstas son algunas de las características que pueden definir cómo se comporta un padre tóxico, seguro que hay muchas más.

Os 5 erros máis frecuentes que cometemos como pais

Autoría: Mireia Navarro
Republicado con autorización de: http://www.psicologosantacoloma.es/

 

 

¡Qué difícil es ser padre cada día! y sobre todo hacerlo bien. Educar a nuestros hijos no es solo enseñarles a vestirse o a llevar su plato al fregadero, que ya cuesta conseguirlo, en nuestro papel como padres, hay mucho más. Debemos transmitir los valores que queremos que guíen su vida y enseñarles lo que está bien y lo que está mal, tarea nada fácil. Para hacer todo esto no contamos con una formación específica en paternidad, lo que normalmente hacemos es dejarnos guiar por nuestro sentido común y por lo que nuestros padres hicieron con nosotros y así nos va!
Nos enfrentamos a las diferentes etapas evolutivas de nuestros hijos con información del tipo:
 “Si ahora te parece difícil espérate a la adolescencia”
“Una hostia a tiempo te ahorra muchos problemas en el futuro”
“Este niño está muy consentido, ya verás cuando sea más grande”
Frases, que lejos de ayudar, minan nuestras energías. Como padres hay cosas que debemos tener claras y además tenemos que hablarlas y consensuarlas con el otro miembro de la pareja. Hay que dedicar tiempo a decidir qué normas vamos a poner y qué es importante que nuestros hijos aprendan y cumplan a raja tabla. Esas van a ser las normas por las que nos vamos a pelear y con el resto no malgastaremos demasiada energía. Una vez tenemos las normas, las debemos hacer cumplir y nos tocará decir NO.

Como padres tenemos que ser capaces de decir NO de una manera firme pero afectuosa, que les transmita que estamos con ellos en cada instante para ayudarles en su camino hacia la edad adulta, pero que seremos firmes e intransigentes con ciertas cosas, las importantes, no con todas.
Para poder ejercer una buena autoridad, debemos haber cuidado bien el vínculo. Tus hijos deben crecer sabiendo que pueden contar contigo y para eso, todo lo que haces en tu día a día, suma o resta. Por eso, he decidido recopilar aquí los errores cotidianos más comunes que cometemos y que debilitan este vínculo:

1. No le escuchas

Muchas veces nos quejamos de que nuestros hijos salen del colegio y no nos cuentan nada. A veces preguntas y no obtienes respuestas. ¿Cómo ha ido el cole? y le sigue un silencio absoluto o un monosílabo: bien.
No podemos esperar que nuestros hijos se comuniquen cuando a nosotros nos va bien. A menudo lo hacen en el peor de los momentos, cuando tienes que hacer la cena o toca bañarse. Te asaltan con mil preguntas sobre cosas tontas pero que a ellos les interesan mucho. Si en esos momentos inoportunos les respondes de forma tajante o les mandas callar, conseguirás que, con el tiempo, tu hijo deje de preguntarte y deje de dirigirse a ti, encerrándose detrás de una puerta  que después no abrirás.
No puedes conocer bien a tu hij@ si no hablas con él/ella. Por lo tanto, como decía una buena amiga, cuando tu hijo te hable “suelta el boli y sienta el culo” porque si no lo haces, algún día te dejará de hablar.
Facilita los espacios de comunicación en tu casa, haz comidas en familia, siéntate con ell@s a hacer cualquier cosa, juega, haz que colaboren contigo en las tareas domésticas, lo que sea que os permita pasar un tiempo juntos y le transmita a tu hij@ que estás cerca y que puede contar contigo.

2. No le premias pero sí le castigas

A menudo usamos el castigo para enseñar a nuestr@s hij@s lo que está mal. Pero casi nunca les decimos lo que han hecho bien. En nuestro país hay mucha tendencia de este tipo. Un jefe normalmente no te llama al despacho para decirte lo bien que has hecho tu trabajo, cuando te llama al despacho suele ser para echarte bronca por algo. El resto del tiempo, en el que se supone que tu trabajo ha estado bien, no suele dirigirse a ti para nada.
Pues bien, esta tendencia es la que nos llevamos a casa. Yo he llegado a ver casos en los que los padres solo se dirigían a su hij@ para reñirle, al final el niñ@ decidió que la mejor manera de llamar la atención de sus padres era portándose mal. Se trata de equilibrar esto, de verbalizar a nuestr@s hij@s las cosas que hacen bien y que nos hacen sentir orgullosos. No se trata de hacer regalos cuando se porten bien, ese no es el concepto. Se trata de prestarles toda nuestra atención cuando hacen algo que está bien, algo que queremos que esté en su conducta a menudo y no solo cuando hacen algo mal.

3. Lo comparas y etiquetas

Este es otro hábito muy frecuente. ¿Ves tu hermano lo bien que come? Son frases que lejos de motivar a tu hij@ a portarse bien, lo que genera es frustración, rabia y celos. Aunque nuestra intención sea buena, no acertamos en la forma. Hay que evitar comparar, ni entre hermanos, ni con otros compañeros de clase ni con absolutamente nadie.La única comparación sana que yo conozco es la que te comparas contigo mismo. Muy relacionado con esto está la etiqueta, frases como “eres tonto”, “siempre lo haces mal”, o cualquier tipo de frase que refleja imposibilidad de cambio es una lápida. No hay que etiquetar, cuando hacemos una crítica debe ir dirigida a la conducta y no al niño/a. Si yo digo “esto que has hecho no está bien” no le digo al niño “malo” ni siquiera le digo que se porta mal, lo único que transmito es que un hecho concreto no es el correcto y eso se puede cambiar.

4. Le gritas

Hay veces que no se puede evitar, por mucho que intentas tener paciencia, llega un momento que se te escapa y le gritas. El grito es una de las peores maneras que tenemos para dirigirnos a los demás y es justo la más usada con l@s niñ@s. ¿Cómo te sientes cuando alguien te grita? Pues multiplícalo por diez mil y tendrás una idea de cómo se siente tu hij@. Aunque no solamos gritar a nuestros amigos, compañeros de trabajo o jefes, en casa y con las personas que más queremos, descargamos esa rabia. No grites a tu hij@ y cuando se te escape, discúlpate, que sepa que no era tu intención hacerlo.

5. Le metes prisa

No respetamos los tiempos de nuestr@s hij@s. Siempre les hacemos ir deprisa. La noción de tiempo es algo muy difícil de adquirir, piensa que hasta los nueve años, aproximadamente, no somos capaces de entender un reloj y eso no garantiza que entiendan realmente qué es el tiempo. Entonces, no podemos pretender que entiendan qué son exactamente cinco minutos o qué significa exactamente que no llegamos al cole. El tiempo es nuestra responsabilidad, nosotros debemos gestionarlo bien, levantarlos con tiempo para que vayan tranquilos y marcar lo que toca hacer en cada momento. Después están las extraescolares, salen corriendo del colegio sin tiempo para merendar y se van corriendo a baile, a inglés, a música ¿Cuándo juegan? Respetar el tiempo de nuestr@s hij@s significa: levantarlos con tiempo para no ir con prisas, marcarles los tiempos para evitar los gritos y el estrés en el último momento, no llenarlos de actividades extraescolares todos los días, ni llenar de actividades todos los fines de semana. Permite que jueguen en calma y comparte tu tiempo con ellos.

Conclusiones:


Estos son solo algunos de los errores, seguro que hay muchos más. Yo misma cometía muchos de ellos, pero cada vez lo hago mejor. Aprendo cada día a ser madre y mis hijos son mis mejores maestros. ¿Cuántos errores de los descritos cometes? ¿Cuántos de ellos dejarás de cometer a partir de hoy?

A conciliación laboral e familiar

E si escoitamos aos nosos fillos? Save the Children móstranos nesta guía o que eles pensan da conciliación laboral e familiar, do tempo que pasan connosco.
Unha profunda reflexión de como utilizamos o tempo cos nosos nenos.


Preme na imaxe para ler ou descargar a guía:



Ser pais e nais: onde está o manual de instrucións?

A páxina web edukame.com recolleu unha morea de preguntas dos seus lectores e con todas elas elaborou o libro: "Ser padres y madres ¿dónde está el manual de instrucciones?", unha interesante guía onde pescudar respostas ás cuestións que nos preocupan. Cristina García, pedagoga, é a autora deste libro que a páxina web pon á nosa disposición de forma gratuita.

Preme na imaxe,


Onde viven os monstros

Autoría: Fátima Mª García Doval
Republicado con autorización de http://discapacitodos.com/


Sobrevivir á infancia non é tarefa fácil na actualidade. As familias viven inmersas nunha percepción de medo e inseguridade que acolcha aos nenos -e non tan nenos- en capas de papel de burbulla, co único obxectivo de previr un suposto mal que non acaba de materializarse.
Segundo o Balance da criminalidade de 2013 o noso país goza dun descenso continuado da criminalidade desde 2002. Na actualidade a taxa de homicidios é a máis baixa da UE-15. Neste marco Galicia goza dunha situación privilexiada, cunha taxa de ofensas e delitos que corresponde á metade da media española. Só nos gañan en “pracidez e seguridade” Cantabria, Asturias e Estremadura.
Pero a pesar desta acumulación de datos obxectivos, contrastados e públicos, os proxenitores vivimos inmersos nun pánico continuo a que os nosos fillos sufran o ataque de calquera desaprensivo en calquera momento.
Por iso non lles deixamos xogar na rúa pola súa conta e confinámolos en parques valados, cheos de randeeiras cubertas de medidas de seguridade pasiva, indicacións de idade e teléfonos de emerxencia. Con todo xogar na rúa, nas prazas e nos escampados é, posiblemente, un dos mellores recordos que moitos gardamos da nosa nenez. Era neses momentos nos que puñamos a proba a nosa capacidade para encarar o risco e saír, ou non, vitoriosos.
Por iso xa ninguén vai andando só á escola ata que as hormonas adolescentes sobórdanlle polo nariz (e ás veces nin así), a pesar de que moitos psicólogos, pedagogos e outros pensadores levan anos alzando a voz a favor de recuperar esta práctica perdida. O xenial psicopedagogo e debuxante Francesco Tonucci (Frato) pasou a última década estudando o impacto en de esta práctica, entre outros, na redución de problemas de comportamento asociados ao diagnóstico de TDAH.
Por iso a habilidade para encarar riscos físicos está a verse mermada. Con randeeiras de seguridade, sen muros nin enreixados nin bordos, sen zonas esvaradías, elevadas ou de difícil acceso, os nosos pequenos xa non teñen un espazo no que exercitar habilidades motrices tan necesarias como o equilibrio ou a superación do medo ás alturas.
A puntaría xa non é o que era porque, obviamente, xa ninguén tira pedras. Non fai moito unha señora afeoulle a conduta ao meu marido e á miña filla porque tiraban pedriñas ao mar para facelas saltar sobre as augas. Segundo ela esas lasquiñas afectaban o calado do peirao e ao marisqueo.
De que os peques fabríquen o seu propio tirapedras e manexen ferramenta mellor xa nin falamos.

Vivimos inmersos na cultura do medo. Temos medo dos criminais, medo da nosa contorna física e até medo do medo. O medo como negocio responde a moitos intereses, como o lingüista Noam Chomsky e o cineasta Michael Moore entro outros, levan anos denunciando. Ese medo está a arrolar unha xeración insegura, asustadiza e incapaz de asumir o risco.
Este medo obvia, ademais, a máis sanguenta situación. A grandísima maioría das agresións infantís constitutivas de malos tratos danse no seo da familia e contorna próxima. No mundo 275 millóns de nenas e nenos son vítimas cada ano de violencia dentro dos seus fogares, espazo que debese ser de protección, de afecto e de resgardo dos seus dereitos. Aproximadamente un 5% dos nenos e nenas menores de 18 anos sofren ou sufriron malos tratos no seo das súas familias. Isto quere dicir que nunha aula de 25 alumnos o máis probable é que polo menos un deles sexa vítima de malos tratos na súa contorna próxima.
Deixemos de temer á rúa, aos parques, á cidade. O monstro, como temen a maioría dos nenos, non vive tras os edificios e en canellóns. O perigo non está aí fóra. Lamentablemente vive baixo a súa propia cama. Se queremos protexer ao noso menores eduquémoslles para ser valentes.

Traballamos demasiadas horas?

Un vídeo para pensar...


Educar é un coñazo, ás veces

Autoría: Carlos Pajuelo

Republicado con autorización do autor (http://blogs.hoy.es/escuela-de-padres/)

Educar es a veces una tarea frustrante que hace sentir mal a los que educan.
“Educar es un coñazo, a veces” no es una frase de Paulo Coelho, ni de Einstein, ni de ningún gurú de la educación. Esta frase es uno de los descubrimientos que realizamos padres y madres cuando educamos y que, por lo general, no nos atrevemos a confesar abiertamente delante de nuestras amistades o familiares. Educar, la tarea de educar es determinados momentos es cansina, desalentadora, frustrante.
El nacimiento de un hijo es una noticia que llega a nuestras casas como un acontecimiento cargado de felicitaciones y parabienes. Los futuros padres y madres leen un montón de revistas especializadas sobre cuidado del bebé, educación, etc., pero ninguna revista se llama “¿Vaís a ser padres?, os vaís a enterar.”  Justo desde el nacimiento, muchas veces, la criatura no para de de poner a prueba la competencia, el talento, la paciencia y la estabilidad emocional de sus padres.
La tarea de ejercer de padres está sometida constantemente a una evaluación por parte de aquellos que nos rodean y que, además, no se cortan en señalarnos con el dedo como responsables de todo lo que nuestro hijo no hace bien.
Educando se viven experiencias muy positivas pero también se vierten muchas lágrimas, lágrimas a veces de dolor, a veces lágrimas de impotencia,  lágrimas de rabia y frustración y también lágrimas de pena, de una amarga pena. Lágrimas que nunca salen en el Facebook. No, no están en ningún álbum de fotos y por esta razón hacen creer a padres y madres que sentir este hartazgo es de personas egoístas, de malos padres.
Yo se lo digo a muchos padres: “Educar es un coñazo, a veces.” Exige dedicación, mucha dedicación, tiempo, mucho tiempo en relojes de sólo 24 horas al día. Exige cuidar y controlar, supervisar y guiar, motivar, animar, acompañar. Educar desgasta, consume, agota.
Esto es lo que hay, negar la parte dura, ruda, arisca y agria de la educación de los hijos es una estupenda manera de negar la realidad y la mejor manera de venirse abajo en los momentos difíciles, y esen esos momentos difíciles donde hacen más falta los padres y las madres.
Educar es un coñazo, a veces, pero siempre es una oportunidad.
Una oportunidad para querer ser mejor persona, un mejor modelo de conducta.
Una oportunidad para poner en práctica eso de amar con generosidad.
Una oportunidad para confiar en ti como padre o madre y de confiar en tus hijos.
Una oportunidad para sentirte orgulloso de la tarea que ejerces como padre o madre.
Una oportunidad para olvidar el significado de la palabra rencor.
Una oportunidad para sentirte el faro más luminoso en mitad de la tormenta, sobre todo con esos hijos especialistas en generar ciclogénesis explosivas.
Una oportunidad para aprender que el sufrimiento no es una elección, sino una  pieza más con la que se construye nuestra vida ordinaria.
Una oportunidad para aprender a tener mesura.
Una oportunidad para ponerse a buscar dónde guardamos el saco de la paciencia.
Una oportunidad para descubrir el asombro.
Una oportunidad para aprender todos y cada uno de los días que somos padres.
Es verdad, los hijos arrancan nuestras sonrisas con la misma facilidad que nos arrancan las lágrimas. Los hijos nos dan la oportunidad de aprender lo que es la intensidad.
Esto es lo que da un hijo, dos dan el doble, tres el triple y así hasta el infinito.
Te lo digo yo, educar es un coñazo, a veces, pero es que todas las actividades que requieren pasión para ser desarrolladas consumen nuestras energías y nuestro tiempo. El tiempo de educar que se conjuga exclusivamente en tiempo presente: Yo educo.

¿Tú educas?, entonces ya sabes de qué estamos hablando.

Ensinar modales aos nenos

Republicado coa autorización de: www.educapeques.com/
Autoría: Celia Rodríguez Ruiz (Psicóloga y Pedagoga)


Los modales son el conjunto de actitudes, comportamientos, gestos,…que las personas utilizamos para comportarnos en público. Las personas somos sociales por naturaleza y hemos de convivir unos con otros, los modales son importantes porque garantizan un buen funcionamiento de las relaciones. Los buenos modales son signo de respeto hacia los demás, son el modo de comportarnos en público sin molestar o dañar a los demás. Enseñar modales a los niños y niñas es algo fundamental, ya que van a tener que vivir en sociedad y deberán comportarse con respeto a los demás. Sin embargo, no siempre es fácil enseñar modales a los niños y niñas.
A menudo nuestros niños y niñas se saltan los buenos modales y aunque insistamos en recordárselos, parece que nuestros esfuerzos no tienen resultados. Enseñar modales a los niños es mucho más que recordárselos en un momento concreto, se trata de educarles en el respeto y en un modo social de comportarse. Veamos cómo podemos enseñar modales a los niños y niñas:


Los modales en niños y niñas

1.     En primer lugar sirve de modelo para ellos, recuerda que tu ejemplo es muy importante. Los niños y las niñas imitan lo que ven en sus personas cercanas, en especial los comportamientos sociales y el tipo de interacción. Si actúas con buenos modales: pidiendo permiso, por favor, gracias, etc… ellos harán lo mismo de manera inconsciente.
2.     Inculca los buenos modales a los niños y niñas desde un primer momento. Aunque creas que son pequeños a los dos años ya pueden aprenden algunas normas básicas de los buenos modales.
3.     Empieza por lo sencillo: por favor, gracias. Ayúdale a crear el hábito de estos buenos modales. Puedes hacerlo como un juego.
4.     Refuerza sus buenos modales, respóndele de manera positiva.
5.     Ponle metas razonables, sobre todo al principio. Aunque debemos empezar con los buenos modales desde el principio, es importante considerar la edad del niño o la niña, y no exigirle de más ya que podemos lograr lo contrario en un futuro. Por ejemplo a un pequeño de dos años no le podemos exigir que se mantenga sentado en la mesa durante una hora, pero podemos pedirle que lo haga 5 o 10 minutos.
6.     Al principio guía sus modales con instrucciones en lugar de recordárselo después. Por ejemplo, cuando os sentéis a la mesa puedes recordarle que se come con la boca cerrada, que si quiere algo se pide por favor y que después se dan las gracias, que no se tiene que levantar de la mesa, etc. Así inducimos a la conducta deseada en lugar de reprochar la no deseada.
7.     Explícale con palabras que pueda entender, porque son importantes los buenos modales. Si ellos lo entienden se comprometerán con los modales.
8.     Animales a tener buenos modales con sus amiguitos.
9.     Enséñale a saludar con buenos modales, cuando vayas con el niño o niña por la calle, al entrar en una tienda, al encontrarte con alguien o despedirte, etc.
 10.   Poco a poco a medida que el niño o la niña crece podemos incluir nuevos conceptos y nuevos modales.

Desarrollar a confianza nos nenos

Republicado coa autorización de: www.educapeques.com/
Autoría: Celia Rodríguez Ruiz (Psicóloga y Pedagoga)


La confianza es fundamental para afrontar los diferentes retos de la vida. Tener confianza en sí mismos es la clave para que puedan enfrentarse a sus desafíos y persigan sus metas sin temor. Sin embargo no siempre es fácil desarrollar la confianza.

Cuestión de confianza

La confianza es la llave que les abrirá las puertas de su futuro. Creer en uno mismo es la única garantía para luchar y lograr los propios sueños. El que no tiene confianza, el que no cree en sí mismo, se rendirá antes de intentarlo, ya que lo verá como imposible y temerá el fracaso.
Es cuestión de confianza que sean capaces de hacer las cosas por sí mismos, que se atrevan a intentarlo que prueben diferentes alternativas y que, aunque fracasen no se rindan y continúen intentándolo. Es cuestión de confianza que acaben aprendiendo y disfrutando del proceso. El que no confía teme fracasar y no intenta cosas nuevas.

Desarrollar la confianza en los niños y niñas

La confianza en uno mismo se apoya en un ajustado autoconcepto y una sana autoestima. Se trata de conocer las propias capacidades y ser capaces de creer en ellas. Para desarrollar la confianza en nuestros niños y niñas debemos comenzar por ayudarles a crear una imagen positiva de sí mismos, una imagen que corresponda con la realidad.
El autoconcepto se crea en el seno de la interacción con los demás. Es por eso que nuestra opinión, nuestras palabras y sobre todo actitudes van a tener un papel clave en el desarrollo de la confianza en los niños y niñas.
Los niños y las niñas van a crear la opinión que tienen de sí mismo basándose en las valoraciones externas, y sobre todo en cómo interpretan esas valoraciones y en cómo se sienten con las mismas. En muchas ocasiones podemos hacer comentarios, e incluso desarrollar actitudes, que para nosotros pasen desapercibidas que sean interpretadas por el niño o niña de un modo especifico.
Las personas cercanas al niño o niña tenemos un peso importante en el desarrollo de la confianza. Veamos cómo podemos favorecer su desarrollo:

Trucos para desarrollar la confianza en sí mismo

1.     Evita juzgar, etiquetar o criticar al niño o niña. Corrige su conducta, si es necesario pero evita criticar a la persona.
2.     Presta atención a su manera de interpretar tus comentarios y/o actitudes, en ocasiones no nos damos cuenta de cómo éstos les pueden estar afectando.
3.     Apórtale una imagen ajustada de sí mismo, es fundamental que el pequeño se conozca.
4.     No le transmitas miedos, demuéstrale que confías en él o ella. Recuerda que si tú crees en ellos, ellos creerán en sí mismos.
5.     Trabaja tu propia confianza, muéstrales la imagen de una persona segura de sí misma y la tomaran como modelo.
6.     Deja que se enfrenten a retos y que los superen. Es importante que sean retos que supongan un desafío y al mismo tiempo que puedan ser asequibles por ellos.
7.     Cuidado con la sobreprotección. Si no les dejamos que lo hagan por sí mismos, nunca podrán comprobar que pueden.
8.     Enséñales estrategias para resolver sus problemas pero deja que se enfrenten a ellos.
9.     Aunque temas por ellos, evita transmitirles ese miedo.
10.   Apóyales en su camino.